Mitos y Realidades 2: Huevos
y Carne de Tortuga
Por Biol. Oscar S. Aranda Mena*
Aprovechando que la temporada de anidación
de tortugas marinas ha comenzado, hemos hablado en la edición
anterior sobre creencias populares que a través del tiempo
han sido interpretados equivocadamente, distorsionando la realidad.
En esta entrega, haremos especial énfasis al famoso mito de
los huevos de tortuga, a los cuales se les atribuyen poderes afrodisíacos
y hasta de estatus social
El folclor mexicano le ha adjudicado al
huevo de tortuga misteriosos (y falsos) poderes afrodisíacos,
lo que ha sido en todo el mundo una de las principales causas por
las que las tortugas marinas se encuentran en peligro de extinción,
y el consumo de huevos de tortuga o cualquier producto o subproducto
de las mismas es un delito federal perseguido de oficio.
Pero, ¿qué hay detrás de este mito? Ciertamente,
el consumo de este producto en Mesoamérica data desde la época
prehispánica, cuando formaba parte de la dieta alimenticia
de las culturas indígenas, quienes los aprovechaban únicamente
por motivos meramente nutritivos, sin otorgarles poderes extraordinarios.
Estas comunidades eran sumamente cuidadosas al preservar los ciclos
reproductivos de las especies que utilizaban para su subsistencia,
teniendo un alto sentido de conservación.
En algún momento de la historia moderna, al huevo de tortuga
se le comenzaron a atribuir ciertas cualidades afrodisíacas
y de fertilidad, las cuales no tienen ningún fundamento científico
y están muy ligadas al machismo. Aunque se desconoce a ciencia
cierta el origen de esta creencia, se cree que surgió en parte
por la observación de tortugas durante el apareamiento, que
puede durar entre cuatro y ocho horas continuas.
En México, hay quien asegura que un solo huevo de tortuga contiene
la misma cantidad de grasa y colesterol que 20 tacos o que 20 huevos
de gallina. Considerando que una persona con el mal hábito
de consumir huevo de tortuga ingiere hasta más de cinco huevos
por vez, podremos entender por qué siente efectos extraños
en su organismo. Asimismo, afirmaciones científicas serias
sostienen que el contenido energético y nutricional de un huevo
de tortuga es 50% inferior al de gallina. Es importante citar también,
que al colesterol elevado se le atribuye aproximadamente el ocho por
ciento de la mortandad global, ya que incrementa el riesgo de enfermedades
cardiacas y embolias.
Crea usted o no las anteriores afirmaciones, lo que debe considerar
antes de consumir huevos de tortuga es que, además de ser un
delito, hay que tener la conciencia que cada huevo consumido es una
oportunidad menos de supervivencia de la especie. No olvidemos que
está comprobado que sólo una o dos de cada 100 tortuguitas
que nacen logrará llegar a la edad adulta. La única
verdad absoluta es que el consumo de huevos de tortuga contribuye
irremediablemente a su extinción.
Para finalizar, no puedo hacer de lado el tema del consumo de carne
de tortuga, que aún es común en Vallarta que se utilice
como platillo principal durante celebraciones especiales como bodas
o XV años. Estudios serios realizados en Baja California y
otras partes del mundo, indican que las tortugas marinas almacenan
en su organismo grandes cantidades de contaminantes (Mercurio y Cadmio,
entre otros), parásitos y bacterias, ya que se alimentan principalmente
cerca de la costa, donde el agua está más contaminada.
Entre más vieja y más grande es la tortuga, más
acumulación en los tejidos tiene de sustancias tóxicas.
Son cada vez más evidentes los impactos negativos en la salud
humana de comer especies marinas longevas y de gran tamaño
como son las tortugas marinas. Quienes corren más riesgo son
las mujeres y los niños, por ser más susceptibles a
los efectos de metales pesados. La ingestión de los residuos
tóxicos puede llevar a enfermedades del riñón
y las mujeres encintas se exponen a que sus fetos sufran malformaciones
y daños en su desarrollo, mientras que al hombre puede causarle
cáncer en la próstata y los testículos.
Así pues, la próxima vez que le ofrezcan comer huevos
o carne de tortuga, piense que además de poner en riesgo su
salud, estará contribuyendo a que sus hijos no vean estos maravillosos
animales, que han estado en el mar desde antes de los dinosaurios.
Temporada de tortugas:
Desde junio hasta finales de noviembre
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* El autor es biólogo responsable
desde 2000 de la operación del Programa de Protección
de tortugas marinas en Puerto Vallarta, a través de la organización
sin fines de lucro “Unidos para la Conservación AC”.
Actualmente funge como Secretario del Consejo para Protección
y Preservación de la tortuga marina en Puerto Vallarta y es
miembro fundador de la Sociedad Ecológica de Occidente.